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Como en este sector somos muy fan de las definiciones, os podréis imaginar que sobre un concepto tan general como es “Marketing” se han dado cientos de ellas. Han sido de lo más variopintas, desde lo más concreto a lo más genérico y de lo más técnico a lo más etéreo o espiritual. Un ejemplo de las diferencias estre ellas las encontramos en las definiciones proporcionadas por estos grandes cracks del mercadeo:

Philip Kotler “El Marketing es un proceso social y administrativo mediante el cual grupos e individuos obtienen lo que necesitan y desean a través de generar, ofrecer e intercambiar productos de valor con sus semejantes”

Jay Baer “El Marketing es el mensaje y/o las acciones que causan mensajes y/o acciones”

Al Ries y Jack Trout “El término Marketing significa guerra”

Será porque tengo bastante debilidad por él, pero lo que dice Kotler es lo más parecido a la idea que tengo sobre esta actividad y lo que más se acerca a lo que creo que es realmente la esencia del Marketing. En mi opinión Marketing es “El conjunto de procesos a los que recurre una organización, empresa o persona con el fin de SEDUCIR a otras organizaciones, empresas o personas.” Para mí la esencia del Marketing es básicamente seducir. 

Cuando incluyo a personas dentro de la definición podríais pensar que me refiero a la marca personal, tan importante a día de hoy, pero no. Me refiero a todas las personas en general. Todo el mundo desarrolla Marketing sobre su misma persona con la finalidad de seducir

Puntualizo una cosita. Cuando hablo de seducir me refiero a uno de los significados de esa palabra que da la RAE: “Atraer o persuadir a alguien hasta rendir su voluntad“. Es decir, una empresa intenta seducir a sus clientes potenciales para que consuman su producto/servicio; Una ONG seduce a ciudadanos para que inviertan dinero en sus proyectos humanitarios; un candidato a un trabajo se presenta de la manera más profesional posible con el fin de seducir al entrevistador y conseguir el empleo, una persona busca seducir a su entorno con el fin de conseguir aceptación social… Desde este punto de vista, absolutamente todos diseñamos estrategias de Marketing constantemente.

Y para quien aun tenga dudas, voy a poner un ejemplo sobre cómo el autor de este blog desarrollaba Marketing sobre su propia persona cualquier viernes a la tierna edad de 19 años con el fin de seducir a otras mozas con la misma tontuna que tenía yo en aquel entonces. Ya veréis como diseñaba un Marketing Mix en toda regla sin saber que aún que algo así existiese. Vamos con ello.

Producto

Como el producto que podía ofrecer en este caso era yo mismo y era un producto de gama media (para qué nos vamos a engañar), la manera de poder seducir a mi público objetivo era estar muy pendiente de sus gustos estéticos en cuanto a vestimenta, peinados, perfumes, … y crear un envase que hiciese que favoreciese su consumo. Es decir, para poder diferenciarme de la enorme competencia de tíos realizaba un análisis profundo del mercado, identificaba los deseos y necesidades de las chicas, localizaba a los líderes del sector (es decir, los famosos más deseados) y les imitaba en la medida de lo posible. 

En cuanto a la personalidad de marca, intentaba posicionarme y diferenciarme a través del humor. Si bien no era tan guapo como otros competidores, es cierto que era muy salao. Esa era la manera de aportar mi valor añadido, mi objetivo es que dijesen de mi producto:

– Pues me gusta ese chico…

+ ¿Cuál? ¿El guapo?

– No, no, el otro, con el que te descojonas.

Precio

Este punto es complicado. A ver… como dinero no le iba a cobrar a nadie, porque tampoco creo que nadie hubiese pagado por ligar conmigo, pensaremos en el precio en su definición como “recompensa asignada a la obtención de un bien o servicio“. Es decir, lo que yo estimaba que podía conseguir a cambio de lo que ofrecía. En ese caso variaba mucho en función del estado de ánimo de cada viernes, unos días me veía mejor y me animaba a conocer a chicas muy guapas, y en otras me veía horrible y me convertía en un producto de saldo low cost. 

Lo que seguro, seguro, seguro que siempre nos pasaba es que nuestra estrategia de precios variaba en función de la hora de la noche en el que nos encontrásemos y en función de la cantidad de cerveza ingerida. Íbamos bajando el precio hasta quedar en un mero producto de mercadillo que se vendía a voz en grito ante la ignorancia de las consumidoras, incluso las menos exigentes… qué lástima de tíos eramos.

Eramos conscientes que el mercado a ciertas horas ya estaba saturado (las chicas que querían ligar, ya habían ligado) y teníamos que reposicionarnos como una marca humilde y dirigirnos a otros sectores para intentar incentivar nuestro consumo. Lo que ocurre es que ni aun así triunfábamos porque las chicas son mucho más inteligentes, reflexivas y exigentes que aquel grupo de matados que formábamos.

Distribución

Como sabíamos de sobra nuestras limitaciones como producto, localizábamos los entornos geográficos de nuestras consumidoras potenciales y no gastábamos ni un céntimo en dirigirnos a otros sectores que ni en el caso más remoto nos iban a situar entre las marcas que podrían consumir. 

De hecho, en aquella época había una discoteca que creo recordar que se llamaba Barnum en el que se concentraban las chicas más impresionantes de Madrid. Claro, las chicas y también los chicos más buenorros. Un día, armados de valor decidimos ir a ver si nos convertíamos en los muchachotes más afortunados del mundo… y no nos dejaron ni entrar. El portero de la disco según nos veía llegar se empezaba a reír como diciendo “¿Pero dónde vais vosotros, pájaros? Venga, a otro sitio a dar el coñazo”. No obstante fue lo mejor para evitarnos la humillación, era como intentar vender un Seat Panda en una feria de artículos de lujo. Una insensatez.

Comunicación

Como decíamos al hablar del producto, a falta de un bien que se vendiese por sí solo debido a su gran calidad, teníamos que establecer nuestra diferenciación a través de la comunicación. Por un lado personalizábamos mucho nuestro mensaje y eramos coherentes siempre con nuestra identidad de marca. Escuchábamos a las chicas e intentábamos ser siempre agradables, amables, divertidos y huir de los tópicos que se suelen soltar a esa edad por la torpeza que se suele tener al establecer contacto con el sexo contrario. Llamábamos la atención a través de hacer todo lo contrario a lo que se esperaba de chicos de esa edad. Rompíamos con la tendencia del mercado.

Por otro lado, nuestra técnica de comunicación preferida era el Street Marketing. Todos los de mi grupo de amigos sabíamos tocar algún instrumento en mayor o menor medida y solíamos armar conciertos en los parques, que siempre llamaban la atención de consumidoras potenciales. Es más, yo creo que empecé a tocar la guitarra debido en un 60% a las chicas y en un 40% a la música. 

Uno de nosotros incluso aprendió a hacer a la perfección varios trucos de magia y nos abrió varias puertas a mercados que hasta el momento eran inaccesibles para nosotros. Fue un acierto, nadie en la competencia hacía esas campañas de comunicación tan atrevidas. Otros hacían las típicas preguntas para conocer a chicas y nosotros hacíamos aparecer monedas en los interiores de las botellas de los botellones de chicas. 

En fin, que el Marketing está en constante presencia en nuestras vidas con el fin de seducir. En este ejemplo en el más puro sentido de seducción, pero podría poner casos muy diferentes con la acepción más general de ese término. 

No quisiera acabar este post sin dar las gracias a todas las chicas que entre mis 16 y mis 23 años decidieron “consumir” mi producto. A todas os doy las gracias de corazón. Y de verdad os lo digo a las dos…

PD: Es broma, fueron tres.

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2 Responses to ¿Qué es en esencia el marketing y para qué sirve realmente?

  1. Tomás dice:

    Hijo mío me has ganado por una….. o dos!!!

dime lo que opinas, que se agradece