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El viernes pasado, al apoyarme en la mesa del salón, el cristal se rompió y me hice un corte importante en la mano. Pero grande, ningún cortecito, uno de los que asustan, impresionan, de los que te hacen pensar que eso no te puede estar pasando a ti, de los que acojonan. Una de las partes del cristal me rebanó la parte superior de la mano dejando al aire todos los tejidos, tendones, etc. Vamos, una cosa así…

corte en la mano

Lo primero que hice fue alejar a mi hija pequeñita de la mesa y después mirar si me había afectado a la movilidad de la mano. Aprendí a verme por dentro… literalmente. De vez en cuando hay que mirar al interior de uno mismo, pero preferiblemente de otra forma. 

Os podéis imaginar la cantidad de sangre que salía, un escándalo. Con toda la tranquilidad del mundo de la que fui capaz fuimos al baño y empecé a enrollarme una toalla alrededor del brazo de manera que parase la hemorragia en plan torniquete y para presionar el corte, pero no había manera, aquello era una fuente. Hasta tal punto que me acojoné y pensé que tenía que llamar a urgencias antes de salir corriendo para que me aconsejasen como parar aquello, porque de verdad que pensaba que no llegaba a ningún sitio. 

La primera persona que me atendió en el 112 me atendió como el rayo al contarle el problema y me pasó con el servicio médico. Y aquí llegó el problema. Esta fue la conversación:

– Dígame

– Hola. Me he hecho un corte muy grande en la mano y no soy capaz de parar la hemorragia. Estoy con mi hija pequeña y no puedo conducir ni ir demasiado rápido con la niña. ¿Qué puedo hacer para frenar esto? Que me estoy empezando a marear y no se ni qué hacer.

– ¿Tiene tapada la herida?

– Sí, pero no consigo taponarla. La toalla está empapada y sigue sangrando.

– Bueno, pues ahora tiene que ir a un centro de salud (con un tono de voz de total indiferencia).

Lógicamente me quedé con esta cara…

en serio?

Le dije “Vale”, y me colgó.

Lo que de verdad le tenía que haber dicho huebiese sido: ¡¡No!! ¿¿De verdaaaaad?? Yo creía que esto lo íbamos a solucionar con un “Curita sana, culito de rana” y mandándome un besito por teléfono. Quién iba a suponer que necesitaría asistencia sanitaria. Cosas tiene la vida, oyesssss….

Ninguna solución, ningún apoyo, ninguna información, ninguna ayuda. No sirvió de nada salvo para perder otro minuto cuando tenía de todo menos tiempo que perder. De verdad que llegó un momento en el que me empecé a emparanoiar porque me veía muy mareado. Temía desmayarme en mi casa, sólo con mi hija y ¡Hala!, ¡Hasta aquí hemos llegado!.

Resumiendo, bajé a la calle con una toalla ensangrentada en un brazo y a mi hija en el otro. Me crucé como con unas 40 personas sin que nadie me ofreciese ayuda hasta que encontré a unos amigos de mis padres y por fin me llevaron al Hospital Gómez Ulla de Madrid. Allí todo fue muy diferente, me metieron rapidísimamente a un quirófano y estuvieron haciendo punto de cruz conmigo un buen rato. Me trataron genial y me mantuvieron informado en todo momento. 

He tenido mucha suerte, pero mucha. El cristal arañó los tendones de 3 dedos pero no los cortó. Un poquito más de inclinación en el corte y estaría bien jodido. Mirándolo bien he triunfado, la verdad. 

Volviendo al tema del post, he recordado toda la campaña a favor de la salud pública que se ha producido aquí en Madrid. Estoy muy a favor de la sanidad gratis y para todos, que conste. Pero a ver… que sí, que en un 50% la intención de la Marcha Verde era proteger los derechos comunes (cosa muy de agradecer), pero que el otro 50% era proteger los derechos propios de los profesionales sanitarios no me lo niega ni el tato. 

Eso es así. Y sanitario que lo niegue tiene la misma mala intención que los políticos a los que nos dicen tener que temer por sus malas intenciones queriéndonos dejar morir en la calle. El Marketing del miedo… A mí una pediatra y un enfermero me han reconocido que protegen también sus intereses. A ver si hay alguien con la cara de negarlo.

Y os digo una cosa: olé vuestros huevos. Os ha costado mucho conseguir ese empleo como para que vengan a tocaros la moral, la verdad. Yo también lo haría. Son muchos los beneficios de estar en una empresa pública: libertad para cambiar horarios, organizar más fácilmente las vacaciones, días libres, pagos puntuales, retrasos que a nadie afecta, sueldos decentes, no tener encima a un jefe en muchos casos…

Pero es que lo que os pagamos, es decir vuestros CLIENTES, os rogamos que nos tratéis como si vuestro trabajo dependiese de su eficacia para mantener ese estatus. Si llevo cotizando 20 años y hago una llamada en toda mi puta vida a urgencias porque temo por mi integridad y me tratáis como una molestia, no contéis conmigo si en otra ocasión hay que luchar por defender vuestros privilegios. 

Yo ya lo tengo muy claro: gozar de vuestras ventajas funcionariales, pero a un nivel de eficacia de empresa privada y tratando a cada “molestia” como a un cliente, que para eso pagamos impuestos. Y si no, lo mejor será que pasen otros a mejor precio. Total, para no hacer nada…

Y que conste, se que el 90% de este sector os tomáis vuestro trabajo muy en serio y trabajáis muchísimo por el bien de todos. Lo que pasa es que ese 10% que no se implica nada os salpica de mierda a todos y hace mucho mal a vuestra marca. 

Para no acabar con mal rollito os dejo una anécdota: mientras me lavaba en el baño como podía la herida y me enrollaba la toalla, mi hija de dos añitos recién cumplidos se fue a su habitación a por un pañuelito de papel y me dijo “Toma, papá, pupa”. ¿Es o no es para comérsela?

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2 Responses to La de la atención al cliente en urgencias

  1. piturri into the night dice:

    Como siempre enoravuena po tu pograma…
    Pero ¿en que barrio vives, desgraciao?¡¡¡

    • Gracias, querida radioyente

      ¿Usted sabe que Madrid es un pueblecito que está a las afueras de Carabanchel?

      Pues ahí vivo yo, en Carabanchel de los Montes, provincia de Chiquitistán.

      Pero bueno, que aquí no hemos venido a hablar de mí. Aquí hemos venido a jugar…

dime lo que opinas, que se agradece