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Soy muy critico con esa actitud un poco paleta que tenemos en España de pedir a los candidatos para un trabajo que sepan hablar perfectamente inglés aunque sea materialmente imposible que lo vaya a utilizar en el desarrollo de sus funciones. De hecho en este post me quedé agusto…

No obstante, también te digo que en el entorno del Marketing es imprescindible y que dominar bien la lengua de los guiris te puede salvar de muchos problemas. En la anécdota que os traigo hoy, el no pronunciar perfectamente una cifra terminó convirtiéndose en un drama para muchas familias. Vamos con ella.

Cuando dejé el mundo de las agencias de comunicación para evitar terminar loco perdido, pasé a ser durante un buen tiempo Director de Marketing y Ventas de una empresa dedicada al mantenimiento integral de centros comerciales y grandes superficies.

Por aquel entonces, una famosa cadena de supermercados que opera principalmente en el sur de España y en las Islas Canarias estaba buscando un nuevo proveedor de servicios para sus más de 500 tiendas. Así que nos lanzamos con una propuesta muy agresiva a los holandeses que por aquella época llevaban el tema de manera que no pudiesen rechazarla.

Una nota antes de nada: en ese sector se venden horas. Es decir, tu tienes que estimar tanto los salarios, como la maquinaria, los productos y todos los gastos que vas a tener al ofrecer un servicio y ponderarlo en un precio/hora único. Tú sabes que al final de mes vas a facturar por ejemplo 50.000 horas y que con lo que factures por cada una de ellas tienes que cubrir todos los gastos y obtener algún beneficio, que para eso se curra, digo yo.

pronunciacion ingles

Llegamos a la conclusión de que podríamos realizar una oferta muy arriesgada de 8,40€/hora y que tendríamos que rezar para ganar algo cada mes. Pero sabíamos que lo que dejásemos de ingresar económicamente lo ganaríamos en la imagen de marca de la empresa para negociaciones con futuros clientes. Y con esa idea en la cabeza nos presentamos en la reunión… y ahí llegó el desastre.

En ese encuentro estábamos presentes el holandés encargado de contratar el servicio por parte de la cadena de supermercados, una chica guapísima que no sé qué pintaba allí porque no abrió la boca en todo el rato pero que era guapa a rabiar, el gerente de mi empresa y yo. La reunión se llevó a cabo lógicamente en inglés. 

Cuando llegó el momento de hablar sobre el precio por hora del servicio, mi gerente cayó en el error de pronunciar nuestra propuesta de “eight forty” (eit fórti, con acento en la o) más parecido a “eight fourteen” (eit fortín, con acento en la i). Pero vamos, que no era una cosa ni la otra, era una cifra ambigua que dio pie a nuestro Van Gogh particular, viejo lobo de mar, a agarrarse a la cifra que más le convenía.

El caso es que el tío se dio prisa en cerrar la negociación dejando bien claro que en un plazo de 15 días nos llegaría el contrato y que no se podría mover ni una coma de su sitio. O se firmaban las condiciones que acabábamos de acordar o nanai de la China. Pasado ese tiempo por fin llegó el documento en el que figuraba a cuerpo 18, en negrita y subrayado la cifra final del precio hora: 8,14€.

Intentamos urgentemente comunicar el error, pero no se bajó del burro. O era esa cifra, que según él quedó bien clara en la reunión, o nada de contrato. Y cuando lo más sensato hubiese sido mandar a por tulipanes al cliente y seguir con nuestras vidas, se produjo uno de esos casos que se dan con frecuencia entre los empresarios y que me asombrarán siempre: un ataque de “Pormiscojoncitis Lohacemus”.

La siguiente semana la recuerdo como una de las peores de mi vida profesional buscando como ahorrar esos 26 céntimos/hora. Exprimiendo a proveedores de productos y maquinaria, reestructurando los servicios para ahorrar costes de personal, revisando los convenios para ver de dónde podíamos sacar algo… estiramos, estiramos, estiraaaaaaamos tanto la cuerda que al final…

Y vosotros pensaréis “a ver tío, que son sólo 26 céntimos, no exageres”. Son 26 céntimos por hora, miles de horas diarias, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, los 3 años de contrato firmados. Además, el acuerdo no se podía romper por dos razones. Por un lado por las sanciones económicas expuestas en el mismo, que eran grandes. Y en segundo lugar por la imagen de mierda que nos iba a quedar en el sector, después de eso no nos volvía a contratar nadie.

El tiempo terminó dejando claro que se había cometido un error de consecuencias letales. Las pérdidas fueron tan grandes que supusieron el principio del fin de aquella empresa y cientos de familias se quedaron sin trabajo. Y todo como consecuencia de haber pronunciado mal una cifra en inglés en el momento más inoportuno.

El holandés de los cojones se quedaría bien agustito. Evidentemente para él fue un triunfo, ahorró un montón de dinero a su empresa y se pondría una buena medalla. De hecho, tiempo después supimos por nuestra competencia que la cifra de 8,40 era de largo la mejor oferta que manejaba. Esa propuesta ya era buena para él, pero no le pareció suficiente. La avaricia y la ambición del ser humano no tiene límites, y si hay que pisar cabezas, hay gente que las pisa y ni se mira la suela después.

Pero como el que no se consuela es porque no quiere, mi venganza personal la encontré tiempo después, exactamente el 11 de julio de 2010, en el estadio Soccer City de Johannesburgo… ¡¡¡INIESTA DE MI VIIIDA!!! Jódete, Van Gogh, JÓ-DE-TE.

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4 Responses to La de la importancia de pronunciar bien en inglés

  1. Sergio dice:

    Pues ya sabes para lo que estaba allí el pivón…para distraer y hacer cometer errores a los asistentes

  2. Tomás García Carrascosa dice:

    Que esperabas de “alguien” que pensaba que ingles es donde se juntan las piernas

dime lo que opinas, que se agradece