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Si hay una época del año que resulte especialmente peligrosa de cara a nuestra marca personal, ten por seguro que es la Navidad. Es una cosa de locos. Vivimos tan ajenos al peligro que nos rodea durante estos días como ese pequeño ñu que bebe agua plácidamente en una charca del Serengueti y no ve venir al cocodrilo que de un “bocao” se lo va a llevar para lo hondo.

Y es que tienes que tener en cuenta que la marca personal es más frágil de lo que parece. En un entorno empresarial, pequeños detalles de carácter personal pueden eclipsar por completo tus virtudes profesionales.

Tú, querido lector, eres un pequeño ñu. Así que sigue estos pequeños consejos y evita a los cocodrilos de tu empresa.

Los peligros que te acechan entre espumillones

Si sigues este blog, porque eres una persona con un gusto excelente y un criterio depurado, habrás leído el pasado artículo sobre lo temeraria que puede resultar una cena de empresa. Ya han pasado la mayoría de ellas y espero de todo corazón que no hayas caído en ninguna de las trampas que proponía en el artículo. Si no es así y ahora estás un poquito hecho polvo por tu memorable actuación, no te preocupes, pronto alguien se marcará una cagada más grande y pasarás a un segundo plano. La fama empresarial es efímera.

La cesta de Navidad es otra de las trampas. Intenta evitar ser ese compañero que tiene una base de datos en su cabeza con todos los productos que os han regalado desde 1997. Es capaz de comparar cestas a una velocidad tal que deja a rastreator a la altura del betún: “Buah, vaya mierda, el año pasado tuvimos dos botellas de champán, un turrón de yema y una lata de paté más y la lata de espárragos era de mejor marca”. No seas cutre, o al menos no lo seas en público. Agradece que todavía puedas disfrutar de una cesta, porque tal como va la cosa el año que viene a lo mejor tienes de regalo un sobre de choped precortado del Día.

la navidad es peligrosa para tu marca personal

Imagen basada en “Old man in Santa Claus” de Farconville, contesía de freedigitalphotos.net

No se si llego a tiempo de advertirte sobre el siguiente riesgo: la lotería. Este es un punto en el que se cumple la máxima de que en el equilibrio está la virtud. No puedes quejarte toooodo el rato de tu sueldo si a la hora de decidir cuantos décimos de lotería de empresa quieres, pides 15. Básicamente porque vas a quedar como un quejica sin fundamento. Seguramente lo que te pase es que los vas a compartir con familiares y amigos, pero va a parecer que te sobra la pasta.

De igual manera vas a quedar mal si buscas a otra persona de la oficina para compartir un único décimo. Haz el favor y compra uno entero, y si no te gusta el juego o no puedes gastar en lotería ese dinero, compártelo con algún amigo que no sea de la oficina. Pero no lo compartas c0n alguien del curro porque vas a quedar como un cutre o un agarrado. No vale la excusa de que no crees en la suerte. Créeme, no cuela, que yo era de los que compartía y notaba las miradas…

¿Cual es el número adecuado de décimos a comprar para una marca personal exitosa? Pues no lo se… ¡¡Bueno!! ¡¡Qué demonios!! Yo he venido aquí a jugar, no a ganar dinero, así que me la juego… ¡¡TRES!! Uno para ti, otro para tus padres y otro para tus suegros, que si no les llevas lotería te la lían. Ni avaricioso ni agarrado. Equilibrio loteril.

No me quiero olvidar de las reuniones que en algunas empresas se producen a finales de año. Suele ser la única vez en la que el presidente de tu compañía se dirige a vosotros. Él se va a mostrar muy pesimista y os va a reconocer las dificultades que está pasando la empresa y el esfuerzo que hace para no mandaros al paro con otros seis millones de personas. Bueno, lo hace para que no tengáis los santos huevos de pedir un aumento de sueldo durante todo el 2014 y que no hagáis ni la más mínima cagada porque ya estáis avisados. Es así, toca tragar. Pero ni se te ocurra sumarte a su pesimismo y decir las mismas cosas: que el mercado está fatal, que estás haciendo todo lo posible pero no consigues alcanzar los objetivos, que hay que tener la esperanza que las cosas se vayan solucinando solas… El jefe puede ser pesimista, pero no le gusta rodearse de otros como él. No añadas a tu marca personal el ser un tío con mal fario, que te va a coger manía.

Y bueno, como conclusión final os diría que intentéis pasar lo más desapercibidos posible en esa época. Si podéis decir la última palabra dentro de la empresa el día 5 de diciembre y no volver a abrir la boca hasta el 7 de enero, misión cumplida.

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